Una rehabilitación que recupera la arquitectura, los materiales y la forma de habitar de una antigua casona gallega, incorporando soluciones contemporáneas sin perder su identidad.
Hay casas que no necesitan empezar de nuevo. Necesitan una segunda oportunidad, que volvamos a mirarlas.
Una casona tradicional gallega conserva muchas veces aquello que hace especial a la arquitectura atlántica: grandes muros de piedra, madera envejecida, carpinterías de colores, cubiertas tradicionales, detalles de azulejos, espacios alrededor del fuego y una relación muy directa con el paisaje.
El reto consiste en traerla a una nueva época recuperando la esencia, sin convertir la vivienda en una recreación del pasado.
Esta propuesta parte de esa idea: conservar la memoria de la casa y, al mismo tiempo, adaptarla a una forma de vida contemporánea.
1. La fachada: recuperar la piedra


La fachada es la primera declaración de intenciones.
La piedra existente se convierte en protagonista. En lugar de cubrirla o sustituirla, se propone limpiarla, recuperar sus juntas y reparar las zonas deterioradas, manteniendo sus irregularidades y las huellas del paso del tiempo.
Las carpinterías verdes también adquieren un papel importante. Recuperadas y actualizadas, permiten mantener uno de los elementos más característicos de la casa.
La intervención exterior busca ser más restauración que transformación.
La casa debe seguir pareciendo la misma casa. Solo que vuelve a recuperar todo su esplendor.
2. El gran salón: el fuego como punto de encuentro

El gran salón se plantea como el corazón social de la vivienda. La antigua chimenea recupera protagonismo y organiza una estancia cálida y confortable alrededor del fuego. Los altos muros y las vigas de madera se mantienen, mientras que sofás de lino, madera natural, fibras vegetales y una iluminación cálida introducen el confort contemporáneo. La decoración se mantiene contenida.
Aquí la protagonista no es una colección de objetos rústicos, sino la propia arquitectura.
El resultado busca una sensación muy doméstica: un espacio para leer, conversar, recibir amigos o simplemente sentarse junto al fuego en una tarde de invierno.
3. La cocina: tradición y funcionalidad

La cocina es probablemente el espacio donde mejor puede convivir el pasado con el presente.
La lareira tradicional se conserva como elemento central y recupera su función como lugar de reunión y de cocina. A su lado, una cocina de gas completamente equipada permite trabajar con comodidad en el día a día.
Madera natural, piedra, cerámica y estanterías abiertas completan un ambiente sencillo y acogedor.
Para el pavimento, la propuesta apuesta por un porcelánico imitación madera, que le da continuidad con los suelos de madera natural del resto de la vivienda. Una solución contemporánea que facilita la limpieza y resiste perfectamente el uso intenso de una cocina, además de crear un interesante contraste con los muros restaurados.
La tradición permanece en la arquitectura; la contemporaneidad aparece en la manera de utilizarla.
4. El dormitorio: calma y materiales naturales donde solo se veía decadencia

En los dormitorios el lenguaje se vuelve más silencioso. La propuesta combina madera recuperada, lino, tonos naturales y una iluminación cálida para crear espacios serenos, lejos de una interpretación excesivamente rústica.
La idea es que cada habitación conserve su carácter original, pero resulte cómoda y luminosa.
Pocas piezas, materiales honestos y una decoración muy contenida permiten que las paredes, las vigas y las carpinterías sigan teniendo protagonismo.
Dormir en una casa antigua no debería sentirse como entrar en un museo, sino como habitar su historia.
5. La antigua cuadra: una cafetería rural

Las construcciones auxiliares ofrecen algunas de las posibilidades más interesantes de la finca. En este caso, una antigua cuadra puede convertirse en una pequeña cafetería rural, manteniendo los muros de piedra y la estructura original.
Una barra de madera, mesas sencillas, iluminación cálida y materiales naturales crean un espacio acogedor conectado directamente con el jardín. La intención es que no parezca un negocio añadido a la finca, sino una evolución natural de su arquitectura. Un lugar para desayunar, tomar un café, probar productos locales o terminar la tarde alrededor de una mesa.
Dar una nueva función a lo que ya existe es también una forma de conservarlo.
6. El exterior: vivir el paisaje atlántico


La recuperación no termina en las paredes de la casa. El paisaje forma parte de su identidad y debe tratarse con la misma sensibilidad. Muros de piedra, árboles existentes y vegetación autóctona pueden recuperarse y ordenarse sin convertir la finca en un jardín excesivamente diseñado.
Hortensias, camelias, helechos, frutales y otras especies propias del paisaje gallego ayudan a crear un entorno natural y cambiante.
La intención es que el jardín parezca encontrado, no construido. Que las distintas construcciones de la finca dialoguen con su entorno en lugar de imponerse sobre él.
Una nueva forma de habitar lo antiguo
La esencia rústica atlántica no está en reproducir literalmente una vivienda del pasado, sino en entender el lugar, en conservar la piedra, recuperar la madera, devolver protagonismo al fuego, respetar la luz y mantener la conexión con el paisaje.
Una rehabilitación bien hecha nos deja, además de una vivienda bonita, unos espacios prácticos que nos permiten cocinar cómodamente, mantener un suelo fácil de limpiar, disfrutar de un salón confortable o reconvertir una antigua cuadra en un nuevo espacio de encuentro.
Una buena rehabilitación conserva aquello que merece permanecer y transforma aquello que necesita una nueva vida.
La clave de este proyecto está en devolverle a esta casona gallega su verdadera esencia permitiéndole, además, seguir formando parte del futuro.
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